· Análisis

ShotLink: cómo los datos del PGA Tour cambiaron el golf

Antes de 2003 nadie sabía realmente dónde acababa la bola de un jugador del PGA Tour. ShotLink convirtió cada golpe en una coordenada, y en una década tiró abajo buena parte de la sabiduría heredada del golf.

Antes de 2003 nadie sabía realmente dónde acababa la bola de un jugador del PGA Tour. ShotLink convirtió cada golpe en una coordenada, y en una década tiró abajo buena parte de la sabiduría heredada del golf.

Durante casi toda su historia, el golf se midió con cuatro números: calles cogidas, greens en regulación, putts por vuelta y resultado. El PGA Tour empezó a registrarlos oficialmente en 1980 y sirven de poco. Un jugador que sale con madera 3 a la calle y otro que pega 40 metros más al primer corte tienen porcentajes de calle opuestos, y ninguno de los dos números dice cuál de los dos está jugando mejor.

ShotLink acabó con eso. Cuando el PGA Tour desplegó el sistema en sus torneos en 2003, el golf pasó de contar resultados a registrar posiciones, y los datos que salieron de ahí reescribieron casi todo.

El sistema es menos futurista de lo que sugiere el nombre. En un torneo con ShotLink trabajan entre 250 y 350 voluntarios sobre el campo. Hay unidades láser repartidas por cada hoyo, manejadas por voluntarios que apuntan a la bola allá donde queda parada. Otro equipo anota el lie: calle, rough, corte intermedio, bunker, green, recuperación.

Cada golpe se convierte en un registro. Coordenada inicial, coordenada final, lie, distancia, jugador, hoyo, vuelta. La precisión ronda los dos centímetros sobre el green y menos de un metro en el resto del campo. Una semana de torneo genera unos 32.000 golpes. Una temporada supera el millón.

Esa es toda la innovación. El sistema no analiza nada ni construye modelos: produce un registro preciso de dónde estaba la bola antes y después de cada swing. Todo lo interesante vino después, cuando alguien empezó a hacerle preguntas a ese archivo.

Si sabes dónde empezó la bola y dónde acabó, puedes plantear algo que las estadísticas clásicas no alcanzan: ¿cuánto ayudó ese golpe?

Para responder hace falta una referencia. Coge todos los golpes del Tour desde 140 metros en calle y cuenta cuántos golpes se tardó de media en embocar desde ahí. Salen unos 2.80. Haz lo mismo desde 6 metros en green: unos 1.85. Repítelo para cada distancia y cada lie y tienes una tabla de golpes esperados.

A partir de ahí la cuenta sale sola. Un jugador pega un approach desde 140 metros en calle y deja la bola a 6 metros. Partía de una posición de 2.80 golpes, gastó uno y terminó en una de 1.85. El golpe ganó 2.80 menos 1 menos 1.85, es decir, −0.05 golpes. Ligeramente por debajo de la media del Tour, pese a ser un golpe que en la tarjeta parece bueno.

Ese cálculo es strokes gained, y existe porque ShotLink hizo posible la tabla de referencia. Mark Broadie, profesor de la Columbia Business School que ya llevaba años estudiando decisiones de juego con su propia base de datos de amateurs, fue quien lo desarrolló y lo llevó al circuito. El PGA Tour adoptó strokes gained putting como estadística oficial en 2011 y lo amplió a salida del tee, approach y juego corto en 2016.

Lo que revelaron los datos

Broadie publicó sus conclusiones en Every Shot Counts en 2014, y resultaron incómodas para un deporte que se enseñaba por intuición.

El putt importa mucho menos de lo que se creía

El famoso “el driver para el público, el putt para el dinero” está del revés. Cuando Broadie descompuso las diferencias de resultado entre jugadores del Tour, el putt explicaba en torno al 15% de la distancia entre los mejores y el resto. El juego de approach explicaba cerca del 40%. La salida del tee, un 28%. El juego corto, la parte que todo profesor manda practicar, era la palanca más pequeña de las cuatro.

La razón es la varianza. Los resultados de putt oscilan muchísimo de semana en semana y regresan a la media rápido, por eso el mejor putter de un torneo suele estar en mitad de tabla el siguiente. La habilidad de juego largo es estable: aparece todas las semanas y por eso pesa más a lo largo de una temporada.

La distancia gana a la precisión

Los datos de ShotLink mostraron que pegar más largo vale más que pegar más recto en prácticamente cualquier nivel. Un drive que acaba 20 metros más adelante en el rough suele dejar mejor posición que uno más corto en calle, porque la penalización esperada del rough a una distancia dada es pequeña comparada con lo que ganas por estar más cerca.

Esa conclusión tardó una década en llegar a cómo se entrena el golf, y terminó cambiando la preparación física de los jugadores profesionales.

La proximidad es la estadística de approach que cuenta

Los greens en regulación tratan igual un golpe a 4 metros y otro a 17 con dos putts. Los golpes esperados no. Lo que predice el siguiente resultado es la distancia a la que dejas la bola, y por eso la proximidad sustituyó al GIR como medida seria del juego de hierros.

Pros y amateurs pierden golpes en sitios distintos

La base de datos de amateurs de Broadie, recogida aparte con su proyecto GolfMetrics, le permitió comparar directamente. Un jugador de 90 golpes no pierde contra un profesional principalmente en el green. La diferencia está sobre todo en el juego largo y crece cuanto más lejos del hoyo estás. Lo desarrollamos en cómo pros y amateurs pierden golpes de forma diferente.

El PGA Tour puso los datos de ShotLink a disposición de investigadores universitarios a través de su programa ShotLink Intelligence, y esa decisión pesa más de lo que parece. La analítica deportiva suele vivir a puerta cerrada. El conjunto de datos central del golf acabó en las universidades, y por eso las tablas de golpes esperados que usan las apps de golf vienen de trabajo revisado por pares y no de estimaciones internas.

Cualquier app que te enseñe un número de strokes gained se apoya en esos cimientos. La referencia contra la que se mide tu approach desciende de aquellos voluntarios con láser recorriendo calles en 2003.

El Tour lleva tiempo migrando hacia seguimiento de bola por cámara para sustituir parte de la operación manual con láser, lo que abaratará y densificará la recogida. La idea de fondo no cambia: registrar posiciones, no resultados.

Cómo aplicar lo mismo a tu juego

La diferencia entre un jugador del Tour y un jugador de club no es que uno tenga mejor intuición. Es que a uno le han registrado y analizado cada golpe desde 2003 y el otro trabaja con una tarjeta de 18 números.

Cerrar esa distancia no requiere láseres. golfity aplica el mismo marco de golpes esperados a las vueltas que registras tú, usando la posición inicial y final de cada golpe en lugar de sensores o GPS. Obtienes strokes gained separado en salida del tee, approach, juego corto y putt, medido contra el benchmark que elijas.

Con eso ya puedes responder la pregunta para la que se construyó ShotLink. No “cuántos greens cogí”, sino “dónde se fueron esos 4 golpes”. Si quieres la versión corta de las conclusiones de Broadie antes de empezar, están en nuestras claves de Every Shot Counts.

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