· Análisis
Every Shot Counts: conclusiones clave de Mark Broadie
Mark Broadie dedicó una década a demostrar que buena parte de los consejos de golf van al revés. Every Shot Counts es donde reunió las pruebas, y cinco de sus conclusiones deberían cambiar cómo practicas y cómo juegas.

Every Shot Counts se publicó en 2014 y zanjó de golpe un siglo de discusiones de vestuario. Mark Broadie, profesor de la Columbia Business School y golfista obsesivo, llevaba años metiendo millones de golpes en una base de datos para responder a una pregunta sencilla: ¿qué separa de verdad una buena vuelta de una mala? Las respuestas contradecían casi todo lo que el golf repetía desde los años sesenta.
El libro no es un manual de swing. Es un libro de estadística que trata de golf, y su utilidad práctica para un handicap medio es mayor que la de casi cualquier libro de técnica. Estas son las conclusiones que merece la pena aplicar.
Qué mide realmente el libro Every Shot Counts
La idea central de Broadie fue dejar de contar resultados y empezar a valorar posiciones. Con los datos de ShotLink del PGA Tour y su propia base Golfmetrics de vueltas de amateurs, calculó cuántos golpes se necesitan de media para embocar desde cualquier punto del campo.
Desde 140 metros en calle, un jugador scratch termina en unos 2,9 golpes. Desde seis metros en green, en torno a 1,8. Con esas referencias, cada golpe recibe un valor: la posición de la que sales, menos la posición en la que dejas la bola, menos el golpe que acabas de gastar. Esa diferencia es el strokes gained.
Lo elegante es que funciona con cualquier golpe desde cualquier lie. Un drive que acaba en el rough a 255 metros y un putt de un metro se pueden comparar en la misma escala, con las mismas unidades y frente a la misma referencia.
Conclusión 1: el putt no es donde se ganan los torneos
“Drive for show, putt for dough” es la frase que los datos de Broadie desmontaron con más contundencia. En el PGA Tour, el putt explica alrededor del 15% de las diferencias de resultado entre jugadores. El juego largo, es decir salidas del tee más approach, explica unos dos tercios.
Solo el approach vale en torno al 40% de la diferencia. Es la categoría más grande con mucho margen, y es a la que los amateurs dedican menos tiempo de práctica.
Esto no significa que el putt dé igual. Significa que el mejor putter del circuito le saca medio golpe por vuelta al resto, mientras que el mejor jugador de hierros saca más de un golpe entero. Si tienes cuatro horas de práctica a la semana, el reparto que sugieren los datos no es el que hace casi nadie.
Conclusión 2: la distancia pesa más que la precisión desde el tee
Broadie encontró que la distancia del drive correlaciona con el resultado más que la precisión, en todos los niveles que estudió. Unos 18 metros extra desde el tee valen alrededor de tres cuartos de golpe por vuelta a un profesional, y más a un amateur, porque el amateur parte de approach más difíciles.
El motivo es geométrico. Una bola 18 metros más adelante significa un palo más corto al green, y los palos cortos dejan la bola más cerca. Un drive en rough ligero a 245 metros suele ser mejor que un drive en calle a 220, porque el castigo por fallar la calle es mucho menor de lo que los golfistas suponen.
La excepción importa: esto vale para fallar al rough, no al agua, a los árboles o fuera de límites. Broadie es preciso con esa distinción, y es la misma que aparece al revisar cuánto importa la distancia del driver en amateurs.
Conclusión 3: desde 90 metros eres peor de lo que crees
Uno de los capítulos más desalentadores es el de las distancias de wedge. Los jugadores de circuito desde 90 metros dejan la bola de media a unos cinco metros y medio del hoyo. Alguien que firma en los 90 promedia más bien 12 metros desde ese mismo punto, y una parte nada despreciable de esos golpes acaba gorda, tocada o en búnker.
Los amateurs sobreestiman su rendimiento con los palos de precisión porque recuerdan la que quedó pegada y olvidan las cuatro que acabaron a 14 metros. La misma distorsión afecta a esa “distancia favorita” que casi todo el mundo cree dominar.
Los datos de Broadie dicen algo más simple y menos romántico: más cerca siempre es mejor, y no existe una distancia desde la que seas secretamente mejor que desde veinte metros más cerca. Ese único hallazgo reescribe la mayoría de decisiones de lay-up.
Conclusión 4: el amateur sangra por desastres, no por mediocridad
Cuando Broadie comparó a un jugador de 90 golpes con un scratch, la diferencia no venía de que cada golpe fuera un poco peor. Venía de un puñado de resultados francamente malos: el golpe de penalidad, el drive tocado, la bola que hubo que sacar de lado desde los árboles.
El peor swing completo de un profesional en una vuelta le cuesta medio golpe. El peor de un amateur le cuesta dos o tres. Como el strokes gained es honesto con la magnitud y no trata todos los fallos como un simple golpe malo, deja al descubierto lo caros que son esos hoyos. golfity muestra ese mismo patrón en tus vueltas como hoyos desastrosos, y los números suelen incomodar.
Pasar de tres dobles o peores por vuelta a uno vale más que casi cualquier cambio técnico, y no exige ninguna habilidad nueva. Exige elegir otros objetivos.
Conclusión 5: la estrategia regala golpes que ya tienes
El último tercio del libro va de decisiones, y es la parte que más lectores se saltan. Broadie simuló puntos de mira, distancias de lay-up e intentos de recuperación, y las conclusiones son consistentes.
Apunta al centro del green y no a la bandera en la mayoría de los approach. La ganancia media de ir a por el pin es pequeña; la pérdida media de dejarte un lado imposible es grande. Esa asimetría es todo el argumento para tomar el centro del green como objetivo inteligente.
Después de un mal drive, juega el golpe que te devuelve al campo y no el que pasa por un hueco de un metro entre dos árboles. El golpe heroico sale bien lo bastante a menudo como para quedarse en la memoria y lo bastante poco como para salir caro. Broadie cuantificó ese “poco”, y el número es peor de lo que la mayoría imagina.
Cómo aplicarlo sin tener ShotLink en casa
Broadie escribió el libro antes de que las apps de seguimiento fueran habituales, y lo que pedía a sus lectores era anotar a mano distancias y lies. Esa parte se ha vuelto mucho más cómoda.
Registra tus vueltas en golfity y los mismos cálculos corren sobre tus propios datos. Obtienes el desglose por categorías frente a la referencia que elijas, que es donde los porcentajes abstractos del libro se convierten en tu problema concreto. Compara tus números con los benchmarks de strokes gained para cada handicap y la fuga suele verse clara en diez vueltas.
Si prefieres ver antes la aritmética de un golpe suelto, la calculadora de strokes gained la desglosa paso a paso.
Lo que el libro acierta de fondo
El valor duradero de Every Shot Counts no es ninguna estadística concreta. Es la costumbre de preguntarse cuánto valió un golpe en lugar de qué tal se sintió. Los golfistas tenemos una memoria poco fiable de nuestro propio juego, muy sesgada hacia los tres últimos hoyos y hacia cualquier cosa que pasara en un green.
El marco de Broadie sustituye esa memoria por un número. El número suele ser poco halagador, a veces tranquilizador y bastante más útil que la historia que te cuentas en el coche de vuelta a casa.





